iBarranco
Bienvenidos al mundo que he recorrido en mis vaqueros.Espero que disfrutéis de las vistas.
Eran jóvenes, pero habían vivido deprisa. Adolescentes
tardíos, o ancianos prematuros, quién sabe.
-Abrázame –dijo ella.
Y él, como tantas otras veces, la abrazó sin rechistar. Ella
enterró la cara en el pecho y le olió el corazón.
Él apretó más fuerte. Ella era pequeña, y intentaba rodear
con sus brazos la espalda -y no conseguía nunca abarcarlo entero-. Ella era
seguridad. Era olor a jabón, risas y mordiscos.
Ella era –él lo sabía bien –lo más parecido a un hogar que
conocía.
Vivían en mundos distintos, con ideas distintas, con vidas
distintas.
Pero del corazón hacia adentro, ambos habían colocado un
felpudo en el suelo en el que ponía: “Bienvenido a casa”. Y ahí era donde
vivían todo el tiempo que podían.
iBarranco
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido si encontramos la otra mitad.
No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta.
Nos hicieron creer la formula de "dos en uno" , dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que esto tiene nombre: anulación.
Que solo siendo individuos con personalidad propia, podremos tener una relación saludable.
John Lennon
Las Habichuelas Mágicas
A veces plantamos lo necesario para poder ascender alto. Más alto.
No importa el precio.
Y cuando bajamos, nos apresuramos a talar la planta.
Para asegurarnos de que nuestros demonios no puedan bajar tras nosotros.
Hoy ni siquiera me he dado cuenta que estrenábamos mes. Y es que la vida se nos escurre de entre los
dedos, sin que nos demos cuenta.
Y así estamos camino de la primavera, en un año que acabamos
de estrenar. Así estamos, a cinco meses de terminar con la vida tal como la
conozco ahora.
Y de repente, en una mañana cualquiera de un día cualquiera,
mi mente se pierde en algún lugar de mis apuntes, justo en la página 18. Y las
letras se vuelven borrosas a medida que miramos más allá del papel.
La vida se ha precipitado a tu paso. Han caído casas que
parecían sólidamente construidas. Han caído, aprisionando entre sus escombros,
caras conocidas. Caras que amas.
Se han abierto brechas en algún lugar de la telaraña que han
desestabilizado la red. Ha caído la
enfermedad, como un bloque de hielo pesado, y ha empezado a derretirse a tu
alrededor. El agua fría hace ver las cosas de otra manera.
Han aparecido arrugas en los ojos, de tanto mirar forzado.
Se ha desgastado la piel de las manos, de tanto tirar de las cuerdas que
mantienen unido el hogar.
La vida en Febrero es como un caleidoscopio deformado por la
sal. Sal de lágrimas, sal de sudor y de esfuerzo. Sal de flotar entre las olas:
que a veces vienen y a veces van.
Se desfiguraron la tierra y el cielo. Se deforma el futuro,
precipitándose a mi encuentro. Se rompieron las seguridades cuando comprendí la
fragilidad de las cuerdas que mueven las marionetas.
Y aquí me veo, a las puertas de la primavera. Con un
invierno más a las espaldas, y sin haber avanzado demasiado.
Aquí me veo, solitario. Con el conocimiento de la vida, como
alas plegadas, que pesan a mis espaldas –pero algún día me permitirán volar –.
Con la sombra del pasado pegada a los pies –ésos que me
trajeron a este recodo del camino –.
Con un sol cegador frente a mí. Que deslumbra, y apenas deja
ver más allá.
Solo y ciego.
Cegado por la misma luz que me alumbraba.
Israel Barranco
El amor y sus formas.
Maneras brutas,
suaves.
Manos delicadas que acarician
manos que estrechan con fuerza.
Besos de húmeda ternura.
Labios que hieren.
Amor de padre, de madre, de hijo, de hermano.
Amor de amigo, de nieto y de abuelo.
Amor de mujer y de seno materno.
Amor de sexo, de vida y de asfalto.
El amor.
El amor y sus formas.
iBarranco
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